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EL ACUERDO CON LA FRANCIA LIBRE

El Consejo Nacional comunicó de manera oficial su existencia y mantuvo relaciones con el Foreing Office, los Gobiernos en el exilio de Checoslovaquia, Polonia, Holanda, Yugoslavia, Bélgica y Noruega, el Consejo de Defensa del Imperio Francés (Francia Libre) y con las Embajadas acreditadas en Londres, en especial con las de Estados Unidos y países iberoamericanos. Los contactos directos con el Gobierno británico no dieron los resultados que el Consejo Nacional esperaba. La marcha de la guerra había dictado una posición británica de apaciguamiento con Franco. Inglaterra quería evitar a toda costa que Franco entrara en guerra y atacara la estratégica base de Gibraltar.

Los propios británicos sugirieron a Lizaso la conveniencia de que los vascos entablaran relaciones con la Francia Libre, como países vecinos que eran. Pronto se pudo comprobar que los franceses también estaban interesados. Las conversaciones para llegar a un acuerdo de colaboración dieron comienzo el 15 de noviembre, cuando el Consejo Nacional de Euzkadi presentó al Consejo de Defensa del Imperio Francés un primer anteproyecto de pacto franco-vasco. Tras seis meses de negociaciones, el texto del acuerdo estaba listo. Los aspectos más significativos del Acuerdo eran tres: incorporación de voluntarios vascos a una unidad de las Fuerzas Francesas Libres, cooperación económica y comercial y colaboración de los Servicios Vascos de Información con los franceses.

El sábado 17 de mayo de 1941, a las 4,30 de la tarde, tuvo lugar la firma del documento en la sede del Consejo Francés, en Carlton Gardens, número 4. Por Francia estaban presentes René Cassin, Maurice Dejean, el comandante Escarrá y Elene de la Souchère y por el Consejo vasco, Jose Ignacio de Lizaso y Angel Gondra. El Acuerdo fue suscrito por Cassin y Lizaso. Se hicieron copias en francés, castellano y euskera. El pacto tenía en sí mismo una gran importancia histórica puesto que, por primera vez, una autoridad francesa reconocía a un organismo representativo del pueblo vasco la categoría de entidad de derecho público. Por otra parte, se trataba del primer acuerdo internacional suscrito en euskera. Como curiosidad cabría añadir que ambos firmantes eran vascos, pues René Cassin –futuro premio Nobel de la Paz era natural de Bayona.

El Acuerdo fue ratificado mediante un intercambio de telegramas entre los presidentes de ambos Consejos. El 26 de mayo, Irujo se lo enviaba a De Gaulle, que por entonces estaba en El Cairo, y el 30 de mayo De Gaulle contestaba con otro telegrama dirigido a Irujo, señalando que “la colaboración de nuestros dos pueblos es un elemento importante en la lucha contra el enemigo común y para el triunfo de las libertades nacionales en el mundo“. Simultáneamente, los días 27 y 28 de mayo, se puso en conocimiento del Foreign Office y de la Embajada norteamericana la firma del Acuerdo y su contenido.

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Oficiales del 3er. Batallón y miembros del PNV y del Consejo Nacional de Euzkadi (de izquierda a derecha): médico de 1ª Angel Agirretxe, Elías Etxebarria, alférez de navío de 2ª Juan de Basabe, Luis Arredondo, capitan de corbeta Servando Marenco, Manuel de Irujo (presidente del CNE), capitán de corbeta Juan de Arce, Antonio Gamarra, alférez de navío de 1ª José María de Ballabriga, José Ignacio de Lizaso, aspirante Servando Marenco y alférez de navío de 1ª Antonio González.

DIFICULTADES DE APLICACION

Desde el principio, el Gobierno británico no vio con buenos ojos el pacto. Después de tener noticias del mismo, altos funcionarios del Foreign Office mantuvieron una entrevista con Escarrá el 7 de junio. Dos días después Escarrá remitió a Lizaso una carta diciendo textualmente: “El Gobierno británico estima indispensable, de una parte que el acuerdo permanezca enteramente en secreto, de la otra, que su puesta en ejecución sea suspendida hasta nueva orden (…). El deseo expresado por ese Gobierno constituye un hecho nuevo ante el cual nos vemos obligados a inclinarnos. Ni qué decir tiene que esta suspensión de ejecución no resta nada de valor a un acuerdo debidamente otorgado“.

A pesar de que la postura británica dejaba pocas posibilidades de aplicación, algunas se pusieron en marcha discretamente. La incorporación de voluntarios vascos a las Fuerzas Francesas Libres fue el que conoció mayor desarrollo. En junio de 1941 se iniciaron las primeras gestiones para constituir una unidad militar vasca. Estas gestiones darían lugar a la creación, el 11 de septiembre, del 3er. Batallón de Fusileros Marinos de las Fuerzas Navales Francesas Libres. El proyecto acabaría también frustrándose por la intervención británica. Los ingleses no se oponían al ingreso de vascos en la Fuerzas Francesas Libres, pero sí a que se organizaran en unidades propias y el Batallón sería finalmente disuelto el 23 de mayo de 1942.

Los otros dos aspectos mencionados conocieron un desarrollo mucho menor, las más de las veces puramente teórico. Se formaron comisiones, se celebraron reuniones, se realizaron algunos estudios e incluso algunos nombramientos, pero en todo ello no surgió ningún resultado tangible. Quizá la única expresión práctica de estos contactos fue el envío de una misión “comercial” al Africa Ecuatorial Francesa. Estuvo compuesta por dos oficiales del Batallón de Fusileros Marinos y tenía en realidad como objetivo vigilar las actividades secretas alemanas en Río Muni, realizar labores de información y preparar una operación para el caso de que España entrara en la guerra. Pero también esta misión se frustró al disolverse el Batallón y tener que regresar los dos oficiales.

Al amparo del clima propicio creado entre franceses y vascos por la firma del Acuerdo, se intentó también profundizar las relaciones culturales. Después de varios contactos con diversos consejeros franceses y con el propio De Gaulle, el 10 de septiembre de 1942 se fundó, alrededor del Instituto Francés de Londres, la “Unión Cultural de los Países de Europa Occidental”. Con arreglo a sus estatutos, el 25 de octubre se constituyó el grupo vasco; también se constituiría un grupo catalán. La Unión Cultural llegó a organizar conferencias, concursos y exposiciones pero, de nuevo la intervención británica, invocando altas conveniencias, puso término a esta iniciativa en 1943.

Cuando el lehendakari Agirre retomó la dirección del Gobierno Vasco, tras su llegada a América, mostró interés en que fuera ratificado el Pacto con participación suya. El 28 de enero de 1942, Lizaso escribió a De Gaulle al efecto, proponiendo un intercambio de cartas entre ambos presidentes. Aunque De Gaulle no se opuso, lo cierto es que tampoco llegó nunca a realizarse. La liberación de Francia y el traslado del Gobierno galo a París introdujeron un cambio sustancial en la situación. El Gobierno británico comunicó tanto al Gobierno francés, como a la Delegación vasca que la suspensión de aplicaciones y el secreto del Acuerdo franco-vasco quedaban levantados por lo que a Gran Bretaña afectaba. Pero el Pacto no llegaría a tener ya otras aplicaciones prácticas, aunque sirvió de referencia para poner en marcha una nueva unidad militar, el Batallón Gernika, que lucharía contra los alemanes en la Point de Grave en 1945.

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