http://www.elmundo.es/opinion/2017/01/13/5877d9cb46163fe55f8b4625.html

‘Lluvia dorada’

Escena de la película ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”.
  • LUIS MARTÍNEZ

13/01/2017 03:01Cuentan, no queda claro si los servicios secretos o lo más secreto de los servicios, que Trump se meó en Obama. Algunos mantienen que se ciscó incluso. Bueno, no fue así. Lo que dicen es que el presidente in pectore contrató a unas prostitutas para que aliviaran la presión de sus vejigas sobre la cama del hotel ruso en la que antes había dormido su antecesor. Sí, suena tremendo, pero todo indica que lo peor está aún por llegar. Quién sabe, quizá Trump entró en el cuarto y dijo lo mismo que Bom a Luci antes de la lluvia en la película de Almodóvar: “Qué bien, blanditas y cuarentonas, como a mí me gustan“. Pero eso es mucho suponer y, quizá, no venga al caso.

Independientemente de que tal lluvia dorada ocurriera, lo cierto es que semejante diluvio ha confirmado la obsesión excremental (que diría Juan Goytisolo) del nuevo inquilino del váter de la Casa Blanca. A un lado su afición a tildar de basura (y, por tanto, excrementos) a periodistas, actores o mexicanos, o a arrugar el morro como si escupiera un pelo cada vez que pronuncia la palabra China, leo que, en el más vulgar de los ingleses posibles, to trump, significa peerse. Casualidad o no, nos pone sobre la pista.

Goytisolo mantiene que el descrédito del cuerpo y la complacencia en mostrar a los individuos en el momento de defecar, orinar o escupir en la obra de Quevedo (de él se trata) antes que a un desprecio por el hombre, apunta a justo lo contrario. Su sátira enfrentaba a sus contemporáneos a la naturaleza podrida de sus santos ideales para reflejar así el conflicto perenne entre el cuerpo y el alma. El autor de Gracias y desgracias del ojo del culo protestaba así contra la tradición judeocristiana que abomina de la carne como obstáculo para ganar el cielo. Qué tranquilizador sería que Trump hubiera leído a Quevedo. Qué noble, además de singular, gesto el de utilizar la lluvia dorada para purificar y hasta ventear hipocresías. Pero no, todo es mucho más banal. Infinitamente más. Trump, aceptémoslo, es “…como un alma en pena / que a veces sopla, que a veces truena”. En efecto, Trump, como el pedo en el poema de Quevedo, “…tiene algo monstruoso / pues si lo aguantas te lleva al pozo”.

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