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Francisca Antonia, una de las hijas de José Miguel, contrajo matrimonio con el comerciante José Agapito Yurrita, quien en 1879 entrara en el próspero negocio familiar. Dicho matrimonio hereda el negocio completo -a decir verdad, José Miguel toma la decisión de vendérselo-. A principios del siglo XX, una colonia de salazoneros sicilianos, atraídos por la riqueza del caladero de anchoas del Mar Cantábrico, se instalaba en la villa cada primavera. Residían en la posada y alquilaban la escabechería para llevar a cabo su producción anual de anchoa. “Habían hecho un dinero en California y vinieron aquí a hacer la salazón, que es lo que conocían”, recuerda Alfonso Yurrita, nieto de Francisca Antonia y padre de uno de los directores gerentes actuales.


La totalidad de la producción en salazón se mandaba a Génova, donde estaban las casas comisionistas italianas que controlaban la distribución. “Era exportación de campaña”, reconoce Alfonso Yurrita. No había estrategia como tal.
El inicio de la Guerra Civil apenas supuso un bache en la actividad de la empresa, que retomó el pulso tan pronto como en 1937. El hermano de Alfonso, Agapito Tomás Yurrita, entra en la empresa en 1941. En 1945, la fábrica abre una filial en Lekeitio junto a un socio local que se retiraría del negocio en 1963. En 1952, se incorpora el propio Alfonso, cuyos conocimientos de inglés y su ansia viajera fueron cruciales para la búsqueda de nuevos mercados de exportación para la producción del filete de anchoa, una moderna técnica de producción que habían incorporado en 1946.


En la década de los 50, se abandona la producción de escabeches y el mercado nacional. “Nuestro reto de exportar nació de la convicción de que en España no se podía hacer nada en manos de los almacenistas de la época, que abastecían a tiendas y bares”, rememora Alfonso. En una revista holandesa llamada Trade Channel, vio que American Roland Food, importante empresa estadounidense, deseaba contactar con exportadores, entre otras cosas, de anchoas. Alfonso se puso en contacto con ellos y a partir de 1956 este productor español se convirtió en proveedor de la importadora estadounidense. “Fue casi nuestro cliente único en años para el filete de anchoa y nuestra salvación. De ahí vinieron todos los demás”. Aunque Italia siguiera siendo el principal cliente para la anchoa en salazón, Alfonso empieza a acudir a las ferias SIAL en París y ANUGA en Colonia para buscar importadores interesados en su producto diferenciador: el filete de anchoa. “La mayor parte de los clientes se ha hecho a través de ferias de alimentación”, asegura Alfonso, quien tampoco dudaba en explorar, provisto de muestras de producto, países donde hubiera un mercado interesante. “Se ha viajado mucho a ferias y en misión comercial a diferentes países”, muchas veces con apoyo institucional.

En 1963 se disuelve la sociedad conjunta en Lekeitio por la retirada del socio local y Agapito, abuelo de los actuales directores gerentes, decide constituir la sociedad familiar Yurrita e Hijos junto a sus hijos Agapito y Alfonso. Los dos primeros se ocupaban de la producción y Alfonso de la gerencia y del área comercial. En 1965, al fallecer el padre, la estructura se mantiene y la incansable actividad comercial de un Alfonso al que le siguen brillando los ojos cuando habla consigue abrir más mercados para el filete de anchoa en cuya producción su hermano consigue la máxima calidad: Arabia Saudí, Kuwait, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Reino Unido, Bélgica, Suiza… También consiguen importadores para la anchoa en barril como materia prima para salsas. “A E.E. & Brian Smith les suministramos desde hace más de 50 años anchoa como materia prima para la salsa Perrins”.


nte el aumento de la demanda, se construye una nueva fábrica próxima a la escabechería y, en los años 70, se empieza a considerar Argentina como país suministrador de anchoíta, la variedad que se captura en aquel caladero, para complementar el suministro de anchoa local para salazón y como ingrediente, permitir el acceso a nuevos mercados con precios más competitivos y poder dedicar la anchoa del Cantábrico al filete de anchoa. En 1983 Yurrita e Hijos, representada por el siempre aventurero Alfonso, se embarca con otras tres empresas de alimentación de la mano del INFE -antecesor del ICEX-, rumbo a la feria FOODEX que se celebra anualmente en Japón.


En 1985 entra en la compañía Jorge Yurrita, hijo de Agapito, y en 1996, cuando Alfonso se jubila, lo hace su hijo Juan Yurrita. Desde ese momento, ambos primos son directores gerentes. Jorge se ocupa de la producción y Juan del área comercial y del desarrollo de nuevas líneas de negocio.


Hará 11 años, “como necesidad para diferenciarnos de una amplia oferta de caladeros tradicionales y nuevos como Marruecos, propusimos como salto cualitativo nuestro pack. Ya no solo era filete de anchoa en aceite de oliva. Había filetes de anchoa con ajo y perejil, ahumados, con chile, con orégano… Se trataba de dar algo más, nuevo e innovador. Los mismos clientes quieren siempre enseñar cosas que no tengan otros”.




Hará 11 años, “como necesidad para diferenciarnos de una amplia oferta de caladeros tradicionales y nuevos como Marruecos, propusimos como salto cualitativo nuestro pack. Ya no solo era filete de anchoa en aceite de oliva. Había filetes de anchoa con ajo y perejil, ahumados, con chile, con orégano… Se trataba de dar algo más, nuevo e innovador. Los mismos clientes quieren siempre enseñar cosas que no tengan otros”.


La política de marcas sufre también una evolución. Si antes era posible -cuando no necesario- estar presente con distintas marcas en un mismo mercado, ahora la práctica es tener una única marca para crear gama. En 2002, se desarrolló y potenció la marca Lorea, la más extendida de la compañía. En principio, no descartan fabricar con marca de distribuidor. “Tienen que darse las condiciones y la cantidad suficiente. En el Reino Unido hacemos bastante, y también en Australia, pero controlamos que no compita con nuestra propia marca”, lo que resulta sencillo por posicionamiento de precio.


vimos que el mundo de la 5ª gama en platos preparados podía ser un camino”. Por ello, en 2006 abren una pequeña planta para la elaboración de platos preparados y desarrollan, con la colaboración del chef Andoni Eguren, una línea completa de platos de la cocina tradicional española preparados tanto en formato de alimentación como de hostelería.


Además, en 2008, para retomar la relación comercial con empresas extranjeras que, por motivos en muchos casos de precio, se habían perdido, la empresa adquiere en Pisco (Perú) una planta productiva de filete de anchoa de 2.000 m2 al frente de la cual se coloca un ciudadano búlgaro que había trabajado para ellos en España durante ocho años. En ella se procesa la anchoa capturada en ese país y la proveniente de Argentina con destino al canal food service. “El mercado americano en general requiere un precio que la producción española no puede conseguir”.


En 2009 adquieren Precocinados Ametsa, empresa especializada en la elaboración de croqueta artesana, e incorporan toda una línea de producto congelado precocinado artesano. “Mantuvimos por un lado nuestra producción tradicional de conserva y semiconserva de pescado (además de anchoa, fuimos incorporando bonito en tarro, sardinilla) con la marca Lorea y para la línea de platos preparados y precocinados desarrollamos la marca Yurrita”.


Ya vendemos en EEUU, en México y en otros mercados. La croqueta tiene recorrido, pues se asocia al concepto de las tapas. Debemos reestudiar el envase y las presentaciones de cara a la exportación. Hay que transmitir un concepto claro y concreto de cocina española, de tapas”.


Así, mientras el director comercial, graduado en Administración de Empresas y Marketing de Alimentos por la Universidad de St. Joseph en Filadelfia, sigue hablando de expandir los horizontes de la empresa y su primo, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto, sigue fiel a mantener la producción artesanal de los productos que a diario salen de esta empresa familiar, Alfonso, aún presidente de la compañía, finge asombro ante las propuestas de esta nueva generación Yurrita aunque, en el fondo, está encantado y sigue disfrutando al lado del mar y de los suyos de una vida en la que ha afianzado el nombre de la familia en mercados de extrema exigencia ante consumidores para los que la exquisitez forma parte esencial del menú diario.
JOAQUÍN NÚÑEZ

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