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Reportaje fotográfico José Aymá

Es el líder del 70% de españoles que se declara católico. Recién cumplidos 50 años como sacerdote, el presidente de la Conferencia Episcopal nos habla del derecho de las víctimas de la Guerra Civil a desenterrar a sus muertos.

También nos habla de las personas “no tan santas” que pueblan el Vaticano y de la llegada de Trump al poder: “Es muy lenguaraz”.

  • Pedro Simón
  • José Aymá

26/02/2017 02:59Viéndole venir pausadamente dando pasitos cortos como uno de los grandes del cine; comprobando que físicamente es una persona que pasaría desapercibida en cualquier tumulto; escuchando el tono melifluo de su voz, su comedimiento extremo; ponderando todo lo anterior por los siglos de los siglos, decimos, lo que menos se imagina uno de este hombre bajito, amable, castellano y de pueblo de 74 años es que sea uno de los hombres más poderosos de España.

Si la vida fuera como el tablero de un Risk, en los territorios de Ricardo Blázquez (Villanueva del Campillo, Ávila. 1942) podría desplegar un montón de ejércitos: el 70% de los ciudadanos españoles que se declara católico, 57.531 religiosos, 23.071 parroquias, 18.813 sacerdotes, 819 monasterios, 2.600 centros educativos, 25.660 profesores de Religión, 240.282 bautizos en 2016, 244.252 primeras comuniones y 52.495 matrimonios.

Pero como la vida no es un tablero de Risk -ya quisiéramos los del baby boom– lo único que trae Ricardo Blázquez a la entrevista es su gesto beatífico, algo del frío que hace por el Pisuerga y una cruz colgada al cuello que le regalaron unos feligreses de Salamanca, algo más pequeña -lo hemos mirado en las fotos de Google- que la que llevaba su antecesor, Rouco Varela.

El presidente de la Conferencia Episcopal y Arzobispo de Valladolid acaba de cumplir 50 años como sacerdote, el mismo tiempo que tiene de vida la institución que dirige. Durante la mañana en que nos atendió nos habló del «sí» a la vida, del «sí» al Evangelio, del «sí a tender puentes», del «sí» a la familia y un poco también del «sí» nostálgico a aquella gastronomía del Cantábrico.

Pero Blázquez está lleno de noes.

No cena ya.

No ve apenas cine ni saca tiempo para leer.

No está en redes sociales.

No es conservador ni progresista, asegura él.

No dice a quién vota.

No es más papista que el Papa.

Y definitivamente no siempre fue bueno: «De pequeño -confiesa- me gustaba jugar a los ladrones».

En ‘Ciudadano Kane’, el poderoso hombre de negocios protagonista cita la palabra «Rosebud» mientras agoniza, palabra que al final resulta ser un trineo de la infancia. ¿Cuál es su Rosebud?
Recuerdo los juegos en los recreos de la escuela. En Villanueva del Campillo, mi pueblo, donde había dos escuelas: una con 80 niños y otra con 80 niñas. Un pueblo que tuvo 1.000 habitantes y en el que ahora hay censados 104. De pequeño me gustaba jugar a los ladrones, al truque, a la pelota, al balón… Pero lo que más me gustaba de todo era el frontón.
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Quiero saber dónde estaba usted en tres momentos clave de la reciente historia de España. ¿Dónde estaba el día en que murió Franco?
Por entonces vivía con los seminaristas de Ávila en Salamanca. Yo daba clases. Fui el primero que me levanté, puse la radio y sonaba música clásica. Dije: «Ay, ay, aquí ha pasado algo». Y a los dos minutos dieron la noticia.
¿Dónde estaba el 23-F?
También estaba en Salamanca. Me encontré con unos amigos en la calle y me dijeron que había habido un golpe de Estado y que habían entrado en las Cortes. [Abre mucho los ojos] Inmediatamente fui a informarme y fuimos enterándonos. Fue un gran susto.
¿Dónde estaba el día en que asesinaron a Miguel Ángel Blanco?
En Bilbao. Era obispo allí. Fueron días terribles, terribles, terribles… [Niega con la cabeza] De hecho presidí el funeral que hicimos en Ermua. Fueron 48 horas de angustia. Desde que tuvimos la noticia del secuestro y del plazo de ETA de que asesinarían al chico si no accedían a sus peticiones. Recuerdo la tristeza. Cómo una banda puede humillar a la sociedad y disponer de la vida de un joven. En cuanto pude fui al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu. Allí estaba casi cadáver. Visité a la familia. Recé por él. Cuando hicimos la celebración en Ermua las calles estaban así de gente [cierra y abre los dedos]. Con una sensación de impotencia. Con un por qué en la boca.
Por cierto, ¿se acuerda de «un tal Arzalluz»? [El líder del PNV se dirigió a él en tono despectivo como «un tal Blázquez» cuando fue nombrado obispo de Bilbao]
Sí. En un principio a mí me pareció displicente que dijera aquello de «un tal Blázquez». Después el PNV pidió disculpas. Alguien con responsabilidad en la gobernación de la comunidad autónoma me dijo: «Nosotros contra usted no tenemos nada. Ya tenemos nosotros bastantes problemas como para que nos venga otro». Ellos consideraban que la designación de un obispo [no vasco] para Bilbao era introducir dificultades a la convivencia. Pidieron disculpas, he de repetir. Precisamente en el funeral de Miguel Ángel Blanco fue la primera vez que nos saludamos Arzalluz y yo cara a cara.

Hay ratos en los que Blázquez habla casi como cuando se bisbisea bajito en una iglesia y otros en los que alza someramente la voz como si estuviera en un púlpito. De ahí que la grabación tenga algo de inaudible psicofonía y de decidida proclama.

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Hay ratos en los que Blázquez contesta con un amén (de corto) y otros con un rosario (de largo).

Hay ratos en los que uno sospecha que Blázquez es más Blázquez que nunca. Por ejemplo, antes de comenzar la entrevista hace un cambio sutil: el cardenal retira con firmeza un cuadro de los Reyes que hay sobre la mesita y lo cambia por una imagen del Papa.

Miramos el retrato.

Ahora ya sí.

Sigamos.

Usted es cardenal. Uno seguramente tiene una imagen, quizás distorsionada, de que el Vaticano es un lugar de intrigas. ¿Cuál es la imagen desde dentro?
Yo estudié en Roma. Estuve allí cinco años, desde 1967 hasta 1972. Mi impresión es que hay muchas personas que cumplen el servicio que se les ha pedido de una manera leal y fiel. Y también que hay personas aprovechadas. La imagen del Vaticano no puede hacerse a partir de las personas aprovechadas. Es una curia competente, fiel, hay comidillas, unas prosperan más y otras menos… Nos encontramos con hechos que parece que nos disgustan… El Papa dice que allí hay muchos santos y también personas…
¿No tan santas?
No tan santas…
¿Usted cree que el Papa es de izquierdas?
El Papa ciertamente es discípulo de Jesús.
No me contesta.
Yo no sé personalmente qué será… Nosotros no nos preguntamos por las afinidades ideológicas. Yo voto en todas las elecciones, pero no le voy a decir lo que voto. Porque no quiero que nadie me adscriba a un partido político que luego termine limitándome para dirigirme a todos. Yo lo que quiero es ser buen obispo. Y que nadie pueda decir: este hombre se aprovecha de su condición de obispo para fortalecer una línea ideológica concreta… Unos dirán que parezco de derechas en una cosa y de izquierdas en otra. Yo soy progresista o conservador dependiendo del tema. Lo que yo no quiero son adscripciones.
Dice el Papa: «Una persona que piensa en construir muros en lugar de puentes no es cristiano. Eso no está en el Evangelio». ¿Qué me dice de Donald Trump?
Estoy de acuerdo con el Papa. Estamos llamados a unir y no a dividir, a tender puentes y no a levantar muros. A ofrecer confianza y recibirla. A que nuestra sociedad no esté encizañada sino movida por el deseo de concordia. Yo necesito todavía ver cómo se va desarrollando el Gobierno de Trump, pero a mí me parece muy lenguaraz, muy lenguaraz. Y ha habido tratamiento a grupos que me parece muy injusto.
Le quería hablar de nuestro muro: de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla.
Es un muro, sí. Que se inscribe dentro de las inmigraciones y de los refugiados. Toda persona tiene derecho a emigrar, pero la política de inmigración no sólo tiene que ser generosa sino también ordenada, porque si es confusa se pueden crear otros problemas.
¿El nuevo Éxodo no es el los refugiados?
Las imágenes evocan sufrimiento, niños que tienen hambre y pasan frío, mujeres, familias enteras a las que desde la parte de atrás vienen empujando y a las que delante les cierran la puerta. Algo no funciona en nuestro mundo, algo que afecta a las personas.

A Ricardo Blázquez le gusta dar paseos y visitar ciudades, pero no le gustan los charcos. Incluso menos que a su jefe. En un alarde comportamental de empleado que no quiere líos en su empresa.

El caso es que el hombre que nos abrumaría si España fuera un Risk vive con un sueldo de 1.200 euros, viaja siempre austero y con su Breviario y si tuviera que clavar con chinchetas el póster de una mujer en la habitación de un motel pondría el de Santa Teresa de Jesús: «Es experta en traer Papas a España».

¿Un presidente de los obispos se confiesa?
Sí [Asombrado].
¿Con qué frecuencia?
Yo cada mes. Cuando voy a Roma [Sigue asombrado. Espera algo].
¿Ha visto ‘Spotlight’? [filme que versa sobre la pederastia entre los curas de Archidiócesis de Boston]
No. Veo algunas películas, pero más bien pocas. Tampoco puedo leer mucho.
Usted investigó a Marcial Maciel [que cometió abusos sexuales a menores, fraude y extorsión] y a los Legionarios de Cristo. El Papa Francisco calificó a Maciel de «un gran enfermo». ¿Cómo lo calificaría usted?
Yo no lo conocí a él. Visité por encargo de la Santa Sede, junto con otros cuatro obispos, a los Legionarios. Encontré la necesidad de una purificación como conjunto, que gracias a Dios se ha hecho. Y también encontré mucha fidelidad, personas extraordinarias, gente que no tenía ni idea de lo que hacía Maciel.
Si el principal pecado de la política es la corrupción, ¿cuál cree que es el principal pecado de la Iglesia?
Le voy a responder con una expresión del Papa: la mundanidad. Pienso en la cena de despedida del Evangelio de San Juan. Estamos en el mundo pero no debemos ser del mundo. Los criterios del mundo, de poder, de dinero, de pisar a quien nos estorbe, no tienen que mover a los cristianos.
Usted pidió perdón por las «actuaciones concretas de miembros de la Iglesia durante la Segunda República y la Guerra Civil». Quería saber su opinión sobre la Ley de Memoria Histórica.
La memoria histórica la hicimos de una manera interesante en la Transición. Todos los que tuvieron la capacidad para actuar con determinación para que su pensamiento fuera plasmado en un futuro de la sociedad española, hicieron memoria histórica. Yo comprendo que uno tiene derecho, si sabe que su abuelo o su madre están en una cuneta, a desenterrar de una manera humana y tratar sus cadáveres con respeto. El Día de Todos los Santos yo voy a uno de los cementerios de Valladolid. Allí rezamos por los difuntos. La última vez también estaban desenterrando unos cadáveres de unas fosas. Me acerqué a rezar por ellos. Yo quiero rezar por todos… Pero la memoria histórica ya la hemos hecho. Yo pediría que no hurguemos. Hurgar vuelve a hacer que las heridas sangren. No es bueno. Miremos juntos hacia el futuro.
El padre Ángel me decía que «Jesús, de ser de algo, sería de centro izquierda». Pablo Iglesias me contestó que «Jesucristo votaría a Podemos»…
Yo no sé si Jesucristo habría votado a Podemos. Entonces no había urnas. Según mi experiencia, hay una relación estrecha entre Evangelio y pobres. De nuestro Señor, que es nuestro maestro y queremos seguirlo, aprendemos a acercarnos a los pobres, a los últimos, a los más desprotegidos, a los enfermos. Que esto se quiera decir comunismo o no es una cuestión distinta. Nosotros no necesitamos maestros comunistas, sino acercarnos al Evangelio para estar cerca de los pobres y de los últimos.
Las redes sociales, los ‘youtubers’, las nuevas formas comunicación… ¿Se está quedando atrás la Iglesia?
En los últimos decenios se han abierto vías de comunicación importantísimas. Esas vías dan enormes posibilidades en la transmisión de los valores humanos. Eso tenemos que utilizarlo… Yo no tengo cuenta de Twitter, pero tengo colaboradores y estoy lo suficientemente informado. No tengo que estar personalmente en redes, además, tampoco tengo tiempo. Necesito pensar. Creo que hay mucha superficialidad. Poco silencio y poca reflexión en las familias. El Papa dice que hay que hablar. El móvil no puede estar encima de la mesa. A veces estamos muy cerca de los distantes y muy alejados de los presentes.

Dice Wikipedia que, «a diferencia de la mayoría de los juegos de mesa, el Risk requiere planear la estrategia antes de empezar a jugar», que el «objetivo del juego es ser el primero en completar la misión» y que «un buen jugador empleará la diplomacia para formar alianzas y de la misma forma evitará que se formen alianzas contra él».

Tiramos los dados. Movemos unas piezas. Don Ricardo hace lo propio con las suyas. El Papa nos mira desde un marco. El cardenal se agarra un poco la cruz. Nosotros hacemos una en la libreta: una cuestión que atañe al estado de la partida.

Religiosidad ‘versus’ laicismo. En 1975 sólo el 2% eran no casados con hijos en España. En 2014 eran 42,5%. Además, hoy dos de cada tres matrimonios se unen sólo por lo civil.
Con esta pregunta toca usted una cuestión de larguísimo alcance. En torno a Navidad yo suelo decir que el mejor regalo que vosotros, padres, podéis hacer a vuestros hijos es permanecer unidos en el amor. Ha habido muchas cuestiones, también de orden cultural y legal, que afectan a esto. A mí me preocupa lo que vosotros, los periodistas, llamasteis el divorcio express. El hecho de que un juez pueda decretar el fin de un matrimonio muy poco tiempo después de celebrado el mismo, a instancia de una sola parte y sin aducir pruebas, me parece que es un torpedo en la línea de flotación de la estabilidad matrimonial y familiar. Nos movemos en una mentalidad cultural rupturista en este campo. Hay una especie de desinstitucionalización del matrimonio. Y este es punto crucial de la salud de nuestra sociedad. Hace no mucho tiempo en Valladolid me encontré con una profesora que me contó la historia de una niña. Estaba muy triste. La profesora le preguntó el motivo. Ella contestó: «Porque el novio de mi mamá no me quiere». ¿Nos imaginamos lo que significa esto para la educación, la confianza y el crecimiento hacia la vida de la niña?
¿No es ofensivo para los verdaderos creyentes que haya primeras comuniones de niños que no vuelven a pisar la iglesia o matrimonios canónicos que hacen lo mismo?
Yo digo una frase evangélica: no podemos apagar la mecha humeante. Estoy convencido de que si unos jóvenes con responsabilidad y conocimiento y ante todos sus amigos, pudiendo ir al ayuntamiento para el matrimonio civil, piden que su matrimonio sea bendecido en la iglesia, en esos casos yo estoy convencido de que no lo hacen simplemente por la fotografía. Algo habrá. Probablemente muy poco, pero algo habrá… Tenemos que mantener la mecha humeante y ojalá que se convierta en llama.
Hay autores e intelectuales que dibujan un futuro donde el Islam y la cultura musulmana dominarán Europa. ¿Qué reflexión hace usted al respecto?
Qué duda cabe de que se puede hacer esa hipótesis: ya hubo una expansión primera de los musulmanes en Occidente, en nuestras latitudes… Yo dudo muchísimo que el mundo musulmán domine Europa. Aquí la cultura es cristiana. La pregunta es ¿por qué los cristianos, en relación con el mundo musulmán, nos estamos manifestando tan debilitados?
¿Por qué?
Yo estoy convencido de que estamos perdiendo resortes personales para afianzar nuestro presente y nuestro futuro. Tanto en la cultura como en las convicciones profundas religiosas. Hay una especie de enfriamiento y relativismo en nuestra sociedad que nos hace inmensamente frágiles.

Antes de entrar a la entrevista, bajando por la calle Añastro, dos mujeres testigos de Jehová con una falda muy larga nos ofrecieron su revista La Atalaya y declinamos la gentileza.

-Pero llévesela y la consulta. Jehová le va a llenar de luz.

Antes de despedirnos del jefe de la Iglesia católica nos acordamos de aquellas dos señoras que parecían segurísimas de todo.

Don Ricardo, ¿es humano dudar de la existencia de Dios?
Claro.
¿Usted dudó alguna vez?
Tendría 19 o 20 años. Cuando estudiaba Filosofía tuve años bien complicados desde este punto de vista…
¿Y ahora duda?
Ahora gracias a Dios no dudo de Dios.
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